miércoles, 4 de abril de 2012

SOCIOS DE LOS GATOS: NICOLAS I ESCLAVO DE VASHKA

NICOLÁS I DE RUSIA: HERMOSO, SÁDICO Y MANIPULADOR

Uno de los hombres más guapos de la historia fue indudablemente el zar Nicolás I de Rusia, hijo del odioso Pablo I y su segunda esposa. Sin embargo, se las daba de ser el gendarme de Europa, odiaba a los intelectuales, era zanganísimo pero nunca logré odiarlo pues era animalero a morir, particular fan de los gatos. No estaba destinado a reinar pues no era primogénito, pero cuando su hermano mayor Alejandro I tuvo que estirar la pata, no le quedó menor remedio que sentarse en el taburete real.
Nicolás Pavlovich Romanov, emperador de Rusia entre 1825 y 1855, había nacido el 25 de junio de 1796 en Gatschina, y era el tercer chavalo de la prole de Pablo con su segunda esposa. Tenía apenas 4 años cuando a su papi se lo despacharon en 1801 por medio de un complot en el cual Alejandro, el hermano mayor de Nicolás, estaba involucrado. Para entonces, le costaba leer y posteriormente no sería muy buen alumno, aunque en sus ejercicios militares se destacaba por su pomposidad. Durante dos semanas después de la muerte de Alejandro I, no se sabía si al fin de cuentas Nicolás iba a sucederlo.
Constantino, el segundo de la prole, había renunciado a los derechos al trono en secreto. Nicolás, al ver que su hermano Constantino no reclamaba el trono, se hizo zar sin mucha lucha. Todo parecía ir bien hasta que el primer batallón del regimiento de Moscú se amotinó el 14 de diciembre de 1825. Estos decembristas querían instalar una monarquía constitucional en lugar de la autocracia imperante, pero una facción de ellos quería hacer una república y eliminar de un tajo a la familia real. Nicolás, quien de arte de la guerra solo sabía ponerse uniformes pero jamás asumir el mando, utilizó soldados iletrados de baja estofa para atacar a su propio pueblo. Nicolás no sabía qué hacer, y cuando vio que no podía controlar a los rebeldes con infantería, mandó a la caballería. El ridículo fue opíparo pues los caballos, que no estaban apropiadamente herrados, se resbalaban en el hielo. La artillería intervino y quedaron unos 50 muertos mientras otros se ahogaron, al huir, en el gélido río Neva.
Lo que nadie puede negar era que el nuevo zar se miraba bellísimo en su uniforme, ya que Nicolás era alto, esbelto, de ojos azules, pelo rubio sol y con un rostro de angel. Nicolás, sin embargo, tras esa pinta de querube, albergaba un gran sadismo. Para vengar la afrenta, Nicolás interrogó a los capturados a razón de 150 hombres por semana. Los remitió a juicio, colgó a cinco, y al resto los mandó a hacerse posicles humanos a Siberia.

En vano su esposa germana Carlota de Prusia le lloró que no fuera tan cruel. Nicolás se había casado el primero de julio de 1817 con esta hermosa alemana quien tomó el nombre de Alejandra Feodorovna una vez que fue zarina. Nicolás detestaba que su mujer interfiriera en política, y prefería mantenerla ocupada con sus embarazos. Entretenida, la zarina apenas se daba cuenta que su bello maridito tenía dos queridas simultáneas, y que hasta tuvo una sarta de hijos con una de sus damas de compañía, la bella Bárbara Nelidov. Nelidov sufrió a manos del zar, dado que no solo la azotaba físicamente a la hora del amor, sino que jugaba con otras delante de ella.
Nicolás, por todo lo cruel que podía ser con los humanos, era increíblemente tierno con sus animales. Amaba con pasión a sus gatos-en particular la mechuda Vashka a quien ponía a comer en su propio plato. Perros, conejos, caballos y hasta un armiño jamás tuvieron queja en contra de este extraño odiador de poetas y periodistas. Nicolás no quería cambio alguno en su gobierno. Quería el poder solo para él, y si se sentía amenazado, no cejaba en su persecución de quien le hacía temblar en secreto. Se levantaba temprano a trabajar, y a menudo le pescaba la noche en su despacho. Era severo en sus castigos, por ofensas menores muchos se vieron exiliados o ejecutados. Creía que un buen sopapo a tiempo salvaba mayores líos más adelante. Nalgueó a menudo a sus hijos por el menor desmán. En 1831, cuando hubo un alzamiento en Novgorod, casi 1600 personas fueron azotadas con látigos, y unas 129 murieron de la tunda. Lo apodaban Nikolay Palkin-Nicolás el Palo- pero en 1845 abolió el uso del látigo múltiple con el cual en Rusia antes mataban a mujeres desobedientes.
En 1849, Nicolás en San Petersburgo le dio sentencia de muerte al escritor Feodor Dostoyevsky y 20 intelectuales más. Sin embargo, lució su humor macabro hasta el final cuando ordenó que el pelotón de fusilamiento se alistara normalmente para la ejecución. Los dejó tomar puntería y que el tambor redoblara, pero a último minuto conmutó sus sentencias con condena a irse a Siberia. Sin embargo, el poeta Ryeleyev no tuvo suerte y fue colgado, y Nicolás hizo una campaña cruel de hostigamiento contra el bardo Pushkin. Creó una fuerza de tarea especial en su policía para ejercer censura en los periodistas. Suprimió motines entre rusos y polacos, y le fue bien en las guerras contra Persia y Turquía. En 1849 su espíritu interventor le ordenó mandar tropas a Hungría para ayudar al emperador austríaco a someter a los rebeldes húngaros. No fue sino en la Guerra de Crimea entre 1853 y 1856 que Nicolás mostró el cobre del ejército ruso. El pobre zar no sabía dirigir las tropas, estaba mal avituallado y era pésimo administrador. Nicolás no vería el fin de esta guerra ya que se murió de una pulmonía mal tratada el 18 de febrero de 1855.Al ser tan drástico y cruel, sus medidas represivas mas bien sembraron las semillas de la revolución que luego harían estragos hasta acabar con su bisnieto y homólogo Nicolás II en la segunda década del siglo XX. A su mismo hijo Alejandro II le alcanzarían las consecuencias de su crueldad, dado que Alejandro II a pesar de emancipar a los siervos en 1861 y ser llamado el Zar Liberador, moriría asesinado por una bomba en 1881, chineando aún las enemistades cultivadas por su hermoso pero despiadado padre.

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